jueves, 27 de diciembre de 2012
En francés
Esa noche pintaba como casi todas, intensa y disparatada. Tomé una sobredosis de autoestima y salí dispuesta a pisotear al mundo. Llegué al centro y mi grupo optó por el bar menos atractivo del recorrido.
Entré de cabeza, jodiendo a los tipos que por accidente me cruzaba en la escalera y sacaban plan con las ocasionales visitantes del local.
Estaba con un saco negro un poco largo que por desgano no me quité, mientras hacía hora para salir a buscar un destino más interesante.
Reía con las ocurrencias de mis amigos y más aún, inventando historias a quienes van dispuestos a sacarte el nombre y el número telefónico.
En cierto momento llegó mi hermano ofreciéndome un vaso, lo bebí de golpe pensando que era chela pero al pasarlo me di cuenta que era dulce: "Es alma de las 7 plantas", me dijo.Desde ese momento supe que esa noche sería diferente.
Mi cabeza giró 360° n veces, casi me quité la ropa, escuché la música como filtrada por un vapor denso, el olor a hierba se hizo intenso pero no más que las luces de la discoteca... De repente, me volví loca.
No recuerdo con exactitud lo que hice, solo sé que coqueteé con unos tipos para quitarles la cerveza y los puchos, que me subí al escenario vacío para bailar con mi gente, que me botaron del bar pero luego me permitieron entrar tras hacer un escándalo en la calle, muy divertido por cierto.
Durante todo el periplo etílico, nos acompañó un francés amigo de una amiga, muy alto, simpático y totalmente desarrapado, que hablaba perfectamente el español porque llevaba algunos años viajando por toda américa latina.
Recuerdo que hablé con él en francés y que luego de un rato nos besamos, recuerdo también que atravesamos el vano de la puerta de salida del Etnias como quien pasa de la conciencia al sueño profundo.
Amanecí con una espada atravesada entre mis piernas y en un cuarto que no era el mío, desperté forzosamente mientras una interminable y erecta serpiente se escurría en mi ingle... con todo eso, y tal vez por el efecto de la droga, demoré en reaccionar.
De pronto y un poco asustada le pregunté:
- Comment dit-on "prudencia" en français?
- ¿Prudencia? No conozco esa palabra.
- En ese momento pensé en dos cosas: Hacerme una prueba de VIH y tatuarme la esa palabra para no olvidarla más.
martes, 1 de junio de 2010
La tragedia de Yolanda Manrique
Una dolorosa tragedia realizada hace, más o menos, cuatro años, ha tenido su epílogo.
Todos los elementos sociales no sólo de la capital sino, también, de la República, se sintieron conmovidos e interesados con la perpetración de un homicidio con caracteres agravantes llevado a cabo en una noche siniestra en el hotel Raymondi de la calle de Espaderos (Alt. Cdra. 4 del Jirón de la Unión), a la que el instinto popular calificó luego con el epíteto de "posada sangrienta".
Carlos Goldz, ciudadano norteamericano, fue muerto a hachazos en su propio lecho, cuando dormía, sobre seguro y a mansalva. El cadáver fue encontrado al siguiente día, primero por los empleados de esa pensión y luego por la policía del cuartel primero. Intervinieron las autoridades judiciales, de policía y médicas. Se tomaron las primeras declaraciones, se hicieron los convenientes interrogatorios preliminares, se hizo algunas prisiones preventivas, deduciéndose tan sólo que había un cadáver de por medio, que la muerte se había producido por la acción de mano extraña, pero no era posible conocer a los autores del delito.
Posteriores averiguaciones, informes de la servidumbre, ciertos detalles hallados en la habitación donde fue muerto Goldz y, principalmente, la eficaz contribución de un conocido industrial de la calle de Baquíjano que tenía un café, ofrecieron la clave del asunto.
[...]
Una mujer, celosa, que había mantenido relaciones maritales con Goldz desde el extranjero, y que en vista de la pérdida de la buena vida que éste le daba, ante la noticia del próximo matrimonio de Goldz, no tuvo en mira otra cosa que quitar la vida al hombre que iba a abandonarla y a entregar su cariño sincero y honesto a otra mujer haciéndola su esposa.
Yolanda Manrique, chilena de nacionalidad, y meretriz de profesión, concibió y planeó el crimen. No quiso llevarlo a cabo en la pensión Raymondi. Quiso llevar a su amante a una casa de vecindad de los extramuros de la población y por la avenida Unión donde tenía todo dispuesto para el crimen, contando con la complicidad involuntaria de una lavandera. Goldz no concurrió a la cita y falló el plan de la Manrique.
En vista del fracaso de este plan, la Manrique, que no tenía otra idea que la de victimar a su amante, dispuso lo necesario para llevar a cabo su eliminación criminal.
Obtuvo la complicidad de Pedro Castillo. Fue una noche siniestra. Goldz dormía tranquilamente en su lecho. Acude la Manrique deseosa de vengarse de la tentativa de abandono que Goldz había decretado ya al normalizar su vida contrayendo matrimonio con una señorita de la capital. Penetra a la habitación, abriéndola con llave conseguida de antemano y que obraba en poder de Castillo.
[...]
Tanto la Manrique como Castillo, tras de investigación prolija, como queda dicho, fueron encontrados y entregados a la justicia. Los abogados defendieron a los acusados de la mejor manera, pero las pruebas eran plenas y no dejaban lugar a duda.
En la primera instancia se pidió pena capital para los encausados. La Corte Superior, en revisión del proceso criminal, dispuso que los reos merecían tan sólo pena de penitenciaría [...] Pedro Castillo purgará su enorme delito de homicidio y robo con la pena de 15 años de penitenciaria. Yolanda Manrique, autora del delito de homicidio, purgará su delito en la penitenciaría cumpliendo 14 años de condena.
viernes, 29 de enero de 2010
miércoles, 27 de enero de 2010
Peroxido en polvo
Sin embargo el recuerdo no es del todo difuso, el tiempo a veces más que diluir las cosas las concentra.
Creo que hablamos del año 2001 o quizá 2002.
Ella se llamaba - bueno, se llama - Elena, era una buena amiga desde hacia tiempo y si bien existía una considerable tensión sexual entre ambos era algo que jamás habíamos resuelto por circunstancias que no explicaré aquí.
Elena era entonces - cómo lo es ahora - una mulata delgada, de no más de metro sesenta y cara larga y senos grandes.
Soliamos salir mucho, eramos patas, patas que se tenían ganas desde hace mucho pero que no se atrevían a nada.
Hasta ese viernes en que me pidió la acompañara al supermercado.
- quiero comprar tinte de pelo, me dijo.
Al salir del mercado me pidió que la acompañara al minidepa donde vivia con su hermana, llegamos a un depa vacío y sin agua, eran los tiempos de corte de agua en Lima y habiamos tenido la mala suerte de olvidar que la zona tocara.
- Vamos a un hotel, ya se me ven las raices, yo acepté.
No nos alcanzaba más que para un hotelillo de mala muerte en el centro de Lima, cerca a la avenida Grau, el peor hostal que he pisado en mi vida.
No describiré la habitación, solo me detendré en mencionar que el baño tenía un aspecto realmente atroz.
Ella se sacó la blusa, se quedó en brassier preparó el tinte, se lo aplicó y me deslizo algo de tinte en el pelo.
Te verías bien con otro color de cabello y me dio un beso.
Fué un polvo largo, duro e incluso sucio, el olor a tinte llenaba todo, teniamos años de querer ese momento y fue bueno, ver sus caderas moviendose era delicioso y la sensación de ver como ella acomodaba - sin que se lo pidiera o hiciera comentario al respecto - mi pene en el ano era espectacular.
Salimos en la mañana, mientras la avenida se llenaba de las putas del primer turno y el taxista nos miraba raro.
Me había quedado con más de un mechón cabello de otro color.
miércoles, 20 de enero de 2010
Encuentro frustrado
Pasaron meses y ella consiguió lo que quería, yo me aburrí de los problemas y dejé de ver a Alberto. No pasó mucho tiempo para que otro chico comience a afanarme, se llamaba Andrés y me enteré que era el primo de la loca obsesiva.
No sé qué plan tendrían ambos, pero él un día me buscó y me robó un beso, yo me quedé estupefacta una semana, nunca me habían besado. Desde esa vez, nuestros encuentros eran completamente esporádicos. Yo, en el papel de la niña idiotita y cándida, pensaba que por habernos besado ya teníamos algo y él, se aprovechaba.
Insistió muchas veces para tener relaciones, cosa a la que me negaba, poco después me enteré de que él tenía novia y me sentí tan estúpida que me desquité con una col, la piqué a machetazos. Pasé un par de días pensando qué cosa podía hacerle para vengarme de él.
Finalmente, lo cité en un hotel. Le dije a Toño, mi mejor amigo, que me acompañe. Pedimos la habitación y el recepcionista no nos hizo problemas por ser menores de edad. Subimos y estuve chequeando por la ventana hasta que Andrés aparezca. Él llegó y lo hice esperar media hora, estaba mirando atentamente su reloj de pulsera y se le escapaban todos los ticks.
Bajé del hotel y le di la llave, le dije que suba y que me espere porque le tenía una sorpresa. Toño lo esperaba en el baño del cuarto con un bat de baseball que había llevado envuelto en su polera.
Toño siempre ha tenido un aspecto de tipo sádico y brutal, él lo esperaba en el baño, abrió la ducha para que se de cuenta de que alguien estaba ahí, al entrar Toño hizo un gesto de desquiciado que asusta a cualquiera
- "Así que viniste por tu sorpresita, ¿no?"
Andrés no le dijo nada y se fue corriendo. En parte me quedè con las ganas de que le peguen, creo que eso se merecía. Lo triste es que no pude ver nada de lo que pasó, el mentiroso no volvió a buscarme, sólo me llamó para decirme que era una maldita hija de perra y una looser, que nadie juega con él de esa manera y mientras él bociferaba insultos, yo me mataba de risa.
domingo, 17 de enero de 2010
lunes, 21 de diciembre de 2009
Nonato
El pequeño estaba sobre una grada. Interrumpía la subida. Sonreía un letrero que marcaba 15 y 20 soles, TV con cable y agua caliente. El hotelero lo encontró y un asombro le abrió el pecho. “¿Qué mierda haces ahí?”, dijo como queriéndole dar un golpe. El niño no podía mirarlo, parecía no escuchar, no tenía zapatos y parecía no arreglarse. Era un día cualquiera, sin embargo no entraba mucha gente. Se tenía que sacar al niño, esa manzana no debía estar en el inodoro. Tendría que salir. Enrique pensó entonces “De dónde chucha salió este mierda, ¡tamadre¡ paltea…pero si lo… qué palta…quién lo habrá dejado…seguro una de esas perras…¡tamadre¡ me cagan la noche …”
El manzano se quebró en un llanto, se garro sus rodillas y parecía envolverse en una coraza. Cubrió sus ojos de tristeza e intentó no hacer ruido. No se le podía acercar ni darle una frase dulce. Nada sería posible. Es que un hombre recuerda que fue niño cuando ve a otro llorar, piensa en su tamaño y le entra el mismo miedo. Recuerda un llanto pasado, piensa en sus padres, mira esa tristeza o voltea simplemente.
Alberto tenía todo planeado. Sabía que Cristina estaba sola, ella no conocía mucho, tan un susurro le abriría las piernas. Había muerto su hermano, su novio la había engañado, no tenía sueños, nada ocupaba su vida. Solo el instante la hacía feliz. Esto lo sabía Alberto. La llamó y rápidamente llegó. Estaba linda y se le notaba la tristeza, entonces el único final. Subieron a un cuarto que marcaba 305.Entraron y ella se desvistió con el televisor prendido. Lloró, vio un gran dilema y una culpa inmensa. Entró al baño y se fue. Prometió nunca más volver. “Nunca más”.De pronto dos persona se unen y parecen dos mentiras, se abrazan y las mismas piernas.
Dejaron una gran mancha. Un montículo de semen se juntaba con los rojos. Miles de pequeños buscaban aire. Solo uno logró encontrar su esfera. Crecía, crecía, le salían manos y unos ojos redondeados; se agarró de los dobleces. No quiso morir. Nada lo iba matar. Mamá y papá se habían ido, sin embargo no iba acabar su corazón.
Parecía gusano, un pedazo que se une con otro pedazo. Un día llora y se va. Se fue haciendo mientras no lo miraban. Se hacía más fuerte y más grande. Un día lloró. Gritó porque el mundo es mucha luz, mucho sonido y miles de caras, por eso llora, porque todo le asusta, llora por que no sabe, llora porque no puede hablar, solo puede abrir la boca y llorar.
El niño se acercó al muro, levanto la mirada y le dijo al hotelero “De ahí vengo, de ahí…”, levantó la mano y señalo hacia arriba. Subió y encontró abierto el 305, entró un poco asustado, vio la sábana más blanca. Era el cuarto en donde la gente se quejaba. Decían ver a un duende; otros decían ver a un niño en el baño, otros decían que alguien lloraba, pocas personas no se quejaron .
Enrique bajó y recordó la historia de la sábana manchada, de esa sábana que nunca salía. Se detuvo y dudó un momento. “No será el duende, el demonio…conchasumadre, de repente me voy a morir…qué chucha es ese niño… ¿será el duende?”. El hotelero bajaba sin hacer mucho ruido, cambió el tono de su voz y preguntó: “¿De dónde vienes?,¿Cómo te llamas?,¿Qué eres?” .El pequeño había continuado llorando, parecía cansado y sin mostrar el rostro pronunció palabra. “Tengo frió…hambre…se…señor…”, entonces el hombre le alcanzó un chocolate, lentamente lo escondió, trató de verle la cara, pero parecía no mirar a nadie. Volvió a preguntar con temblorosa voz “¿De dónde vienes?”.
“Mamá lloraba, dijo “nunca mas”, papá estaba contento, pero también se fue. Soy como papá. Siempre tengo frío, ese cuarto es feo, muchos entran…yo pensé que papá entraba, pero no…todos ahí se quitan la ropa, las mujeres lloran, luego ríen, unas parecen que lloran y dicen lo mismo que mi mamá. Un día me agarré bien fuerte, nunca más caer, giraba todo, había mucha espuma y el aire se hizo limpio. Siempre hay comida, hay silencio y agua…Los hombres también gritan en el baño. Me asomaba y me daba miedo. Es que tengo miedo. Mi cuerpo llora, siempre llora…pero papá ayudará llorar. Un día dejaron pollo…comí, tomé un poco de agua y me dolió la barriga… cuando la señora entra a limpiar me escondo. No me ve. En el día entran personas y no me ven, si papá entrara me vería. Ahí crecí como un gusano, me hice fuerte, soy un … no sabía si era un durazno o manzana, solo crecí en una arruga…tengo hambre…tengo hambre”
Enrique no podía enlazar lo que decía, no entendía nada. Solo sabía que ese pequeño estaba solo, era muy triste y pequeño, ese niño parecía ocultar más cosas, pero no volvió a hablar. No había nada que hacer, pedirle que se marchara no parecía correcto, pero tenía que salir de ahí. Fue a traerle más comida; no sabía que darle, solo encontraba sobras, cada vez que buscaba miraba al niño. El niño miró hacía arriba y sentía que lo llamaban. Se levantó y subió corriendo. Al darse cuenta el hotelero lo siguió desesperado, se oyó el golpe de una puerta y el 305 estaba cerrado. No pudo abrir, pidió al niño que abriera, pero ninguna respuesta se notaba, bajó a buscar la llave y no pudo hallarlo; volvió a tocar y ninguna respuesta se asomaba. No quiso gritar, pero quería saber lo que pasaba, quería al menos entender. Pensó en romper la chapa. Entró al baño a mojarse el rostro. Ahí encontró la llave, ese era el número: 305. Estaba más tranquilo, todo tenía que ser una mentira. Nada podía ser absurdo, insertar la llave y saber que fue un delirio. Llamó al niño por un nombre, no supo porqué, pero esa palabra reventó en su boca. Al entrar no encontró nada, nada había. La sábana parecía sucia; buscó bajo la cama, nada había. Todo era mentira, una ilusión de un sueño perturbado o el pequeño duende.
Sonó el timbre en todo el edificio, parecía despertar todo , salió del 305 y abrió la puerta a una pareja joven. Recibió Veinte soles y el DNI. Le dio la llave que tenía en la mano. Sonrió la pareja y subió. Enrique curioseo el DNI y encontró la palabra que rompió su boca. Se asustó y lloró mientras la pareja abría el 305.
domingo, 20 de diciembre de 2009
El Fortín
Vélez-Estudiantes. Roberto es de River pero dice que el resultado de este partido va a influir en su equipo.
Estamos desnudos. Digo algo sobre la desnudez del alma, pregunto si alguna vez amó a alguien. No me oye. Levanta el tubo del teléfono y pide comida. Vuelve:
—¿Qué decías, muñeca?
“Nada, tarado”, pienso. Estoy transpirando. Se me durmió un pie. En el hotel parece haber funcionado una fábrica de aceite o de gaseosas. El jacuzzi es una cuba donde entrarían fácil cinco personas.
Desde la tele un tipo dice: “Y se queja de que le pegan… y bueno… para eso que no juegue al fútbol, el fútbol es cosa de hombres”.
Qué deporte que me pone nerviosa. No es estético, bello de ver, como, digamos, el tenis. Abro la canilla. No hay división entre el baño y la habitación y la pantalla se llena de vapor.
—¡Nena! ¡Vení para acá! Mirá cómo se puso este aparato.
Se incorpora bufando e intenta desempañar el cristal con una media. Descubro pequeños raspones en mis rodillas. Debería consultar por mi lunar, creo que está más oscuro. Con el agua tapándome hasta el cuello, Vélez convierte el primer gol. Tapo mi nariz y me sumerjo. El agua me hace arder los ojos, veo todo parecido a la sangre. Cuando salgo, Roberto está atendiendo a la mujer que trae el pedido. Le hace un chiste, la mujer ríe y se va.
—Vení a comer, muñeca.
En mi bandeja reposa una milanesa arrugada y gris con varias cucharadas de puré. Unto el puré sobre rebanadas de pan negro. Roberto está hipnotizado. Debe creer que está en la cancha. Le hago cosquillas, le tapo los ojos. Él se ríe y me aparta con una suavidad única. Me doy por vencida. Tomo 7-Up en una copa plástica. Alguien grita en la habitación de al lado. Se oyen risas y gemidos tenues.
—Seguro que sos de las que odian el fútbol. Seguro que sos de Boca…
Por cortesía evito el tema. No lo nota. Tampoco escucha cuando le pido que me deje algo de frazada.
Empate. Se acomoda para ver mejor. Se le dilatan las pupilas, sube el volumen. Los grititos de la otra habitación se mezclan con el gol. Con los músculos doloridos cambio de posición. Con el tenedor en la mano, él me mira. Toma el control remoto y apaga la tele.
Cuando me incorporo, el plástico negro que cubre la cama queda adherido a mi espalda.miércoles, 16 de diciembre de 2009
REM VUL
Introduje mi cabeza bajo su falda
Al ingresar a la habitación cerré la puerta que llevaba al balcón. El bullicio de la avenida Angamos y la Vía Expresa eran la música romántica de aquella noche de cerezas de vulva.
Súbete a la mesa que te recitaré un poema. Los asistentes observaban quietos mientras yo acercaba mis labios a los suyos cuando hube de subir a la mesa junto a ella.
Descendía y acercaba mi puño a su vulva. Yo creía no excitarme, pero continuaba rodeándola con mis pasos, mis labios y puño en la vulva.
Abajo arriba.
Caminaba desde la galería hasta el lugar pactado para la cita. Esperé largos tres minutos. Dije hacia mis adentros: quizá esto sea una premonición de mi performance sexual para con ella.
Mientras esperaba mi turno en el recital, asaltado por una extraña osadía deslice mi mano izquierda por debajo de su longa falda, pretextando atarme los zapatos. Ella pestañaba y me observaba cómplice. El ritmo de su respiración se agudizaba
Ella sobre la mesa, el público quieto, mis labios inmóviles sobre los suyos. Mi sexo inmovilìsimo sobre su longa falda delante de su jugosa vulva.
Hola ¿cómo estas? Bien. Pensé que no vendrías. Si, aunque, luego me encontraré con Javier. Ah ya. ¿Y preparada? Sì. Dime cómo, cuándo y dónde. Aceptarías ir a un hostal. Claro total solo ensayaremos para el recital. ¿Segura? Sì.
Mira aquí es. Que bien conoces tus lugares querido Félix
Caminamos raudos. Cruzamos el umbral y las puertas batientes como si entráramos a una cantina del Gran Chaparral. Se deslizaba las monedas, el dni a cambio de llaves y un control remoto.
Ya me voy te quedas si. Mañana debo ir a trabajar.
Me escribes para lo del ensayo.
El público aplaudió y sintiòse masturbado mientras yo continuaba con mi boca sobre su boca, sobre la mesa y mi sexo sin sexo sobre su sexo.
Aquella mañana desperté tirado en una avenida de Villa María. Osadamente asistí a trabajar.
Ella se puso de pie sobre el velador. En la tele dos mujeres practicaban box.
Mira Yesenia la performance consistirá en lo siguiente. Mientras yo introduzco mi cabeza bajo tu falda y rozo tus piernas delicadamente con mis labios hasta llegar hasta tu vulva, tù Oralizaràs un tema puntual de nuestra sociedad. Sì claro yo estoy dispuesta a todo por la poesía. Entonces probemos
Introduje mi cabeza bajo su falda. Pero tienes que decir algo. Sí, Félix pero no se me ocurre nada. No sè, recuerda alguna noticia que oíste en al radio. No, yo no oigo ni veo noticieros
Mira Pamela. Me llamo Yesenia. No sé por qué rompí la confianza preguntándole si había condones. No ¿ Y tú? Tampoco. Introduje nuevamente mi cabeza bajo su falda. Deslicé mis labios y respiración entre sus canillas, muslos y finalmente llegué a su vulva preguntando, ¿Está bien así Yesenia? ¿Está bien así Pamela? Sí, Félix está bien, tú sigue no más. Mientras tanto en mi mochila vibraba un extraño objeto electrónico. Quieto sobre el encaje y vulva, deslice hacia abajo el encaje cortés y morbosamente. Ella despegó del velador su pie izquierdo. Ella despegó del velador su pie derecho y el cobertor de su vulva voló rumbo a hacia la nada. Su vellosidad era hospitalaria para conmigo. Ascendí al velador. La besé furioso. Ella correspondió delicadamente. Le retiré la blusa. ¿Félix que haces? Estoy ensayando. Ella quizá arrepentida dijo. No Félix, èsto no esta bien. Me detuve, descendí del velador. Pamela arrastrada por un inquieto espíritu decidió continuar.
Ya esta bien. Dijo. Para ello se había ataviado nuevamente.
Nuevamente deslice mi cabeza por entre sus falda muslos y hasta su risueña vulva, esta vez ya no estaba el cobertor. Mi lengua como si proveyera de algún alimento buscaba incesante su cereza. Ella emitía algunos sonidos. Quisiera creer que eran reales. La tumbe a al cama. Me arranque el pantalón, no sé para que porque continúe con las caricias del lenguaje, una inmensa cereza acariciaba mi lengua. Listo, introduje mis miserias en ella. Pa pa pa pa pa pa pa pa pa pa pa pa. Más allá de la excitación cada quien buscaba ahí a sus padres.
Papapaapapa. Arrepentimiento. ¿No haz traído condón? Me auto desalojé de su vulva y me acosté al lado de ella.
Hablamos nimiedades mientras en al tele la pelea de box femenino continuaba.
Mi padre murió. Mi madre murió
Ya no tenía deseos de tocarla. El objeto electrónico en la mochila continuaba vibrando.
Vámonos. Si vámonos. Fui al baño a coleccionar los pequeños vestigios de sangre muerta en el orfeón
El control remoto y la llave a cambio de otras monedas y mi dni.
Me acompañas a hablar por teléfono. Si claro.
Hola Carlos y vendrás. Ah ya, entonces te espero. Félix no te pongas celosito que es solo mi amigo.
¿Irás al recital? Claro Félix, pero antes me llamas Ya entonces nos vemos ese día luego de que te llame.
Cruce la pista y desaparecí.
Ayer encontré su número en un diccionario de lengua inglesa
Hoy el volveré a llamar. Ella nunca asistió al recital…
Por Félix Méndez
miércoles, 2 de diciembre de 2009
martes, 1 de diciembre de 2009
Rarezas sutiles
Tenía un novio muy raro que nunca podía acostarse conmigo a menos que no hubiera un amigo ponchito por allí. Tenía pavor a dejarme embarazada. Si no había un condón por allí podíamos hacer de todo pero no me penetraba.
Un día en un hotel de mediopelo del Centro de Lima se rompió el condón y casi se muere del susto. Yo de puro trauma me limpié con las sábanas asquerosas.
Pero esa no era su única manía, nosotros siempre íbamos a un hotel en la Brasil. Lo primero que hacía era tapar los cuadros, revisar las lámparas y la luz principal. Luego cogía las frazadas extra y las ponía encima de los cuadros. Al principio era bien sutil y solo levantaba los cuadros de cualquier hotel a donde fuéramos, pero luego no perdía oportunidad para revisarlo todo.
Claro que también era de los que recogían su ropa y la doblaba luego de calatearse y de los que tendía la cama antes de irse.
Un tipo raro de verdad…
domingo, 22 de noviembre de 2009
domingo, 1 de noviembre de 2009
JISTORI VULPEZ
Mi boca succionaba desde su cuello, el espíritu indescifrable del instante. Él ingresaba y salía a hipotéticas vulvas mientras rozaba los linderos de lo que realmente deseaba. Dentro de una instintiva y tortuosa ceguera. Sí, pequeña y férrea lid de piernas y pubis.
-Muy buenas noches, una habitación por favor. Sofía se agazapaba detrás de mí, como replegándose ante un inevitable crimen mariano. Días antes previne y busqué, el refugio adecuado, para què, en el día de la lid de carne, recaer en él, sin previos regateos silentes y económicos. El amor carnal trae adherido su propio régimen económico.
Luego de deslizar mi DNI y controlar el temblor de mis piernas, nos deslizamos juntos y sigilosos hacia la habitación 302. Era domingo y el refugio contaba sus adeptos. Portaba una llave en la mano izquierda y otra, entre las piernas, mientras ella traìa consigo la puerta de carne que, imagino brillaba o se perdía en un extraño desierto de necesidades.
Ovillada ella, y yo, como una bestia queriendo transponer sus linderos, rodábamos por sobre el recubrimiento de cuero del lecho de la habitación del hostal. Ella, dentro de un interno plebiscito cuya respuesta dudosamente negativa e itinerante se superponía con esporádicos jadeos propios de la adrenalina provocada por su esquivo sexo, y, por el ímpetu del aguijón entre mis piernas.
De vez en vez nos deteníamos, ella se cubría con las sábanas, que yo, luego arrancaría desde su regazo, nuevamente, como pelando un fruto vívido, y yo, descansaba exhausto abstractamente, por el instante esquivo.
Harto, me quité el condón y lo lancé, azarosamente sobre un cuadro del sagrado corazón que, vio perdido el mismo ante la furia de mi extraña puntería, de la que carecía en aquella proto-violación. -¿Pero para qué hemos venido? Ella, frecuentemente mutis, siendo ello una perversa metáfora del instante, deslizó desde sus labios carnosos, una de las poquísimas frases, que esbozó, aquella tarde de domingo. –Pensé que hablaríamos de nosotros. Yo sonreí furioso mientras me arrepentía de no haberla emborrachado y con ello, ya satisfecho, combatir mis sentimientos de culpa.
Ya decidido a vestirme y largarme del “refugio frustrante” me animé a un último ataque hacia su piel, cuya única estrategia, era el ingreso a sus feudos carnosos, preso de la única potencialidad, la fuerza y el ímpetu, como un cuchillo que llevado por la fuerza de la mano del carnicero, decide seccionarla, simplemente. En ello, nosotros nos conformábamos ya, con el furtivo roce entre sus muslos, vientre, brazos y otras regiones de su caprichoso e infranqueable cuerpo. Ella resistía, mientras yo controlaba mis fuerzas, sujeto y comandado por los sentimientos de culpa que, trae consigo la educación. Un extraño golpe de timón, hizo que escupiera la siguiente frase imperativa: -¡Vamos! chápamelo Sofía. La sentí debilitarse al morder una tenue sonrisa, luego de oír mi “tentadora propuesta”. –Si no dejas que hable con tu entrepierna por lo menos mámamelo. –Eres un idiota. Replicó. Yo insistí avasallante, sintiendo ya a él, ingresando por entre sus labios tocar su lengua y tener unos extraños frenos entre sus incisivos. Hasta que sentí que, una parte de mí, era un oso hambriento que, despistado por la ceguera de su furia caía en una trampa. -Ah, ah, ¿Qué haces conchatumadre? Pregunté, mientras me replegaba, mirando mi entre pierna que, en ese instante se teñía de rojo. -¿Qué te pasa conchatuamdre? Grite inquirente y sorprendido, luego de reflexionar rápidamente que, de intentar herir simbólicamente su cuerpo, terminé mordido y con la aguijón mordido. Furioso me abalancé sobre su cuello y empecé a, ahorcarla, mientras ella tomaba mayor fuerza, amarguísimo por el fiasco, me puse de pie y empecé a patearla, una de aquellas patadas, cayó certera en su rostro haciéndola explotar y emanar sangre desde sus labios. -Toma conchatumadre. Grite mientras me percaté que, ella lucía semi-inconsciente. Pensé, en aprovecharme de ello e instalarme dentro de ella en aquel instante, pero decidí largarme del lugar y dejarla del lado de su jueguito de chiquita difícil. Me percaté de que respirara, me vestí cerciorándome que, la mordida eras leve, quise masturbarme para eyacular sobre su rostro, pero, me dije.
–Mejor te escupo. Lo hice y lancé la llave cerca a su cuerpo y, abandoné el lugar. Ya en la recepción y ante la pregunta del dependiente.
-Señor su DNI. -No señor, ya vuelvo, voy por un juguete. El sonrío cómplice y continuò con su crucigrama.
Ya en la calle la imagine riéndose y fingiendo su semiinconsciencia para verme partir llena de miedo.
Muchos días depuès, caminaba ebrio y cavilante por aquellas calles y, la vi, acompañada de un “suertudo consorte”, renegociando el ingreso a uno de los innumerables refugios de aquella oscura y excitante zona. Aceleré el paso para ver desde cerca el rito. Él le cedía el paso, pero ella, insistía en que él, lo haga primero, y, al pasar yo cerca de ellos, la vi virar la mirada y no sé, si al reconocerme o sintiéndose actriz de una pieza farsezca, sonreía ante la seudo complicidad de mi mirada fisgona y, luego ver perderse junto a èl en el cenit de la escalera del aquel refugio. Picado por la sed de revancha, fui raudo hacia las verdaderas putas, para asilarme entre un refugio de carne. Yo silbaba en el trayecto…
Por Félix Méndez
martes, 20 de octubre de 2009
Entre Juana y María
Sin embargo, la última vez fue completamente distinta. Estábamos medio desnudos en la cama, él saco una pipa de coco más eficaz que mi elegante pieza de madera y fumó, luego me la pasó y jalé tanto que me atoré. Esa noche fui verde, morada y roja. Se me cerró el pecho, tosía como loca, él comenzó a vestirse desesperadamente para llevarme a la clínica y cuando ya estaba listo, todo se detuvo.
No se detuvo mi corazón tampoco dejé de respirar, pero sentí como el cerebro se me llenó de humo, fue como si me tragara un enorme nudo estando de cabeza. Pasado el susto, nuestras reacciones no fueron habituales, él estaba preocupado por lo que me había pasado y yo hablaba incoherencias, luego de mis cantinfladas, él reía demasiado.
En cierto momento, mientras yo jugaba con sus pies debajo de la sábana, pasó algo extraño. Juana la loca, paseaba alrededor de la cama. Tengo una obsesión con ella, una relación conflictiva y excitante, me encanta y me da curiosidad saber de su vida pero siempre pensé que si la hubiese tenido cerca se me escarapelaría la piel.
Me tapé por completo con la sábana, mi novio me preguntó "¿Qué te pasa?" y le conté, nos abrazamos, nos cubrimos y no fue suficiente, Juana seguía rondándonos y cada vez me daba más miedo. Convencí a mi chico para escondernos de ella y creímos que el lugar más seguro, era debajo de la cama. Ahí pasamos parte de la noche.
Ese día concluí que la buena María te atora y te hace alucinar
domingo, 18 de octubre de 2009
SEDAZO
Incontables días no habría de recorrer aquellas dunas càlidas que, con gestos y caricias invisibles, intentaba atraer hacia mí. Sus labios brillaban delicados, por mi insidiosa baba sobre el vaso, mientras èl, emitía fonemas, indescifrables para mí, los sentía, a su vez, febriles sobre mis muslos y culo. Las dosis del dios líquido, aumentaban y afiebraban mis senderos de fantasía. ¡Cabrazo! ¡Bésame! ¡Cabrazo ingresa en mí! ¡Sé que eres igual que yo! ¡Que me deseas! ¡Que deseas ingresar hacia aquellos parajes cavernosos, donde la furia se torna en ebulliciente efervescencia de la sed y la carne! ¡Carne contra carne! ¡Sed contra sed! Era hermoso estar a su lado rozando sus muslos mientras observábamos los muros de la ciudad y de nuestra piel, los de nuestra propia sed. El dios líquido continuaba con sus caricias por entre nuestras entrañas, mientras nosotros decidíamos, por cuentapasos y cuentavasos, cruzar aquel puente, cuando soslayábamos nuestros cuerpos rumbo a nuestro apiadado infierno de cemento y baba, en cualquier esquina, para al amanecer, sentir que, la cordura y la razón esfumaba mis deseos, y en ti, la sola presencia cercana a mí. ¡Chau Jaime! ¡Chau Félix! Al verte de espaldas, y repleto de rabia, al no haber logrado que me penetraras y al verte el culo prometía emborracharte alguna noche de los días y violarte por ¡cabrazo!
Lo que me parecía ridículo, es que, me sentía igual que, cuando deseaba a una mujer, imaginándote llegar desde cualquier lugar, imaginándote con gestos románticos hacia mí, en la vía pública, en algún refugio de alquiler, y por qué no, en tu casa, o Satán, en la mía, ahora, a quien decía y llamaba “cabrazo”, era a mí. Irónico el pene y su antípoda delante, si delante del ano, aunque, siempre se prefiera por detrás. Lleno de rabia, decidía a despecho de mi fracaso para contigo, irme con mujeres, para castigarte con mi indiferencia, claro, ello a la larga., era un premio para ti, porque ya no sentías el acoso tácito que, imagino, sabias que venía desde mi entrepierna, aunque seguro algún día, hubiera dadote el honor de hacerme debutar desde el ángulo más impuro de los que nos asestamos y avizoramos como reales “homombres”.
-Hola Félix- -¿Què tal? –Tetrallones de segundos después, de los que te dejas ver. Sì, cabro conchatumadre, me voy a costarme con mujeres para llamar tu atención y te levantas hasta a mi hermana, pero no te preocupes, yo también ya me la cachè, claro, pensaba en ti. Decía para las profundidades que deseaba para ti. -Si pues querido amigo Jaime. -Te he traído la antología de poesía albanesa, que haces lunas te prometí y sé que, te agradará. -Mira, toma, ten. -Te la obsequio. Espero que después de esto, te dejes cachar ¡cabrazo! Todo para mis adentros, deseando, que ello, sea el fondo de mis reales propósitos para contigo. -Gracias amigo Félix cabrazo, -¿Disculpa? ¿Supongo que ya estamos en confianza? Mientras me abrazaba, yo sentía su pene semi-duro cerca al mío, deseando y auto inquiriéndome, por què “mochicas”, a este extraño índice, no se le sumaba unos labios superiores carnosos. Satàn, estoy deseando a una mujer en mí, eso es corromper mi lado “homombre”.
-Vamos a “empijarnos” unas reses. -Mientras te leo unos poemas albaneses. Me dijo Jaime mientras yo le respondí a dos voces, una a cuello fuera y otra a contra dientes.
-Claro amigo Jaime, vayamos a disertar sobre la poesía emergente y homosexual limeña, perdoòn, inusual limeña. Él no pudo evitar constreñir el ceño, mientras yo respondía a su vez a contra dientes: -sì embriagueèmosnos, haber si de una buena vez te vuelvo mi mujer y te desato, cabrazo de mierda y claro, te prometo en algún instante ser el paz y vivo. Todo ello mientras èl ya, empezaba a leer esa mierda de poesía albanesa, claro pude mencionar a la de cualquier nacionalidad. Porque toda es, una real mierda.
Que prejuicioso era, fui, soy, mientras recorríamos las calles del centro observaba todas las farmacias para en el menor descuido ingresar a una de ellas, a comprar unos condones, o, còmo no, canchita, para usar la bolsita, porque con los cabros, siempre hay que cuidarse. Reía de mis silentes sentencias prejuiciosas y extrañamente precavidas.
-¿Que pasa Félix? ¿La poesía albanesa te hace sonreír? -No Jaime, lo que sucede es que, estoy recordando cuando pillé a mi hermana, alguna vez, tirando con un vecino. En silencio sentenciaba. En realidad deseaba tirármelo yo. –Hey Félix no te molesta que yo, haya “salido” con tu hermana.
–No estimadísimo Jaime. Mientras me deshacía en gestos, tratando de respaldar mis argumentos orales y abarrotaba el vaso que, servía para èl, si, èl, el cabrazo, porque, aquella noche definitiva e irrenunciablemente, yo, sería el “activido”.
-Fèlix, un toque, quiero mear. -Ya, ahí, en el poste, de paso te veo la pieza, dije en silencio y bromeaba en voz alta, ¿O las vulvas que te coges son elefantes? Comen maníes. Sentenciaba y me reía del chiste que èl, oía sin inmutarse mientras se cogìa la entrepierna y decìa. –No, yo soy un caballerito, yo no orino en la calle, dormiré en cualquier esquina, pero no, orino en al calle. Ya anda, cabrazo de mierda y orina en la pollerìa. Si Jaime, ve, yo te espero e intentaré, recordar un poema belga. El caminaba coqueto y raudo rumbo a la pollería, mientras yo, me dirigí corriendo a una botica de la Colmena para comprarme un maldito condón. Jadeante llegué hasta una de ellas. -Señor judio. -Señor, muy buenas noches, un condón por favor. -Dos cincuenta y vienen tres.
– Ya, listo. -Tome y ¿tendrá alpaz?
-Sì. -Déme tres de cinco por favor. Este cabro, hoy no se me escapa, sì hoy, dije, ansioso mientras dejaba caer las monedas que me costaron el culo.
Corrí rumbo al punto de donde lo vi partir rumbo a la pollerìa sabiendo que, era tan cabrazo que, se jabonaba las manos, con su propio jabón, que llevaba en un sexi y cabrazo morral (que, su hermana alguna vez le obsequió y que, alguna vez se me autobsequiò, pero yo, preferí, irme a la mar blanca) y se acicalaba luego de mear. Cabrazo de mierda, repetía varias veces mientras la ansiedad por cogerlo me consumía.
Cuando llegué al punto en cuestión, él ya estaba ahì. –Què, dònde estabas. Me inquirió, autoritario. –Es que me pareció ver a una dulce amiga y fui tras ella para confirmar si lo era o no. Respondí resoluto, creyendo ser certero. Él ya tenía entre sus manos otra botella cuyo dios liquido portante, incidía por emularnos en aquella noche diletante y vacía de todo.
Y, como dentro de una enrevesada polifonía, los vasos vidriados y descartables, ajados unos y rotos otros o, extraviados al arrojar el concho inexistente del licor que intentaba superponernos a nuestros propios instintos, arreaban a la noche y con ella, a nuestros cuerpos sin rumbo fijo, mientras nuestros deseos quedaban varados en lo que yo, creía una clara inconciencia, todo dentro de un extraño espiral donde me veía caer y sortear mi propia sombra y la suya. Los ojos se cierran, la noche se apaga como si las baterías de un extraño artefacto decidieran mudar su procedencia hasta que, caemos en un sopor, el cual es imposible recordar hasta que, al día siguiente o en alguno del futuro alejado, tememos que, alguien nos lo relate como un extraño cuento de terror en el que, no se es, ni el mediano héroe ni antihéroe. Si hubiera estado consiente, seguro hubiera masticado la siguiente frase: la noche se acabó y a lo único que penetré, es a mis imposibles deseos.
Desperté desnudo y creyéndome solo, en una habitación, largamente mejor a la mía, él a mi lado, también desnudo y con el cuerpo lleno de frases con tinta negra que no me detuve a leer, aunque, varias tenían el adjetivo sustantivado, cabrazo, su culo lucía ensangrentado y mientras viraba la mirada en todas direcciones, hallè una botella transparente cuyo pico también lucía restos desangre. Sentí tal miedo que, me vestí con lo que encontré a mano y abandoné la habitación sintiéndome el màs cabro de aquel rezago de la noche, y, prometiéndome que, por ninguna razón averiguaría por què, sentía un extraño dolor en lo que en èl, era la fuente de mis deseos.
Han pasado varios años desde aquel confuso incidente y desde aquèl, cada vez que hallo a Jaime en los recitales a los que èl, concurre siempre acompañado por damas, algunas bellas y otras inteligentes y yo, lleno de recuerdos, èl me observa, sonríe picaramente, pero, intempestivamente su risa se torna en signo de rabia, que yo, descifro certeramente hacia mí ¿Qué prevalecerá en él tras el tiempo? Y, siempre, termino por ingresar al baño, despliego aquel sobrecito, inhalo, las razones y la desidia de la propia vida, desempunzo mi cinturón, dejo caer mis vestiduras, luego, hundo mi dedo medio izquierdo en mi culo., nuevamente luego, y, tras una rápida pero febril fricción, eyaculo tristemente. Siempre tocan la puerta. Yo ignoro el sonido…
POR FÈLIX MÈNDEZ
viernes, 16 de octubre de 2009
Afectos en alcohol
Con tanta cerveza y tanto baile me dieron ganas de ir al baño, crucé al otro extremo del bar, entré asegurando bien la puerta y al salir un tipo me arriconó contra la pared del pasadizo y me dijo "te doy todo lo que quieras pero quédate conmigo". Lo miré desconcertada, viéndolo poner billetes en mi escote tonero, ni siquiera me fijé de cuánto eran, los saqué inmediatamente y me quedé mirando al susodicho completamente consternada pero con algo de compasión. Luego pensé "si es que nunca tengo nada que perder, ¿por qué no arriesgarme a saber qué es lo que quiere este pobre diablo?"
"Está bien, me quedo contigo". Me llevó a la barra, dónde había estado bebiendo y me dijo que pida lo que quiera y yo elegí cerveza, como siempre. Por un momento intenté hablar de algo coherente con él pero era imposible, estaba muy ebrio, intentó besarme pero al ver su boca babosa volteé la cara y le dije "¿Qué te parece si mejor vamos a otro lado?". Hasta ahora no entiendo bien por qué le propuse eso, fue algo de momento.
Pagó lo que no acabamos de consumir y nos fuimos. En ese instante, pareció habérsele quitado lo borracho y a la luz, era muy guapo. Tomé ventaja y le pedí al taxista que nos lleve a Magdalena, a un hotel que queda a dos cuadras de mi casa.
En el auto, este chico al que nunca pregunté su nombre, me miraba y me tocaba el cabello, no se puso faltoso como al inicio, en determinado tramo del camino se recostó sobre mi pecho sin decir nada. Saqué dinero de su billetera y pagué la carrera.
El guachimán del hotel me ayudó a llevarlo dentro, otra vez saqué dinero y pagué la habitación, pero esta vez vi en su billetera varias fotos rotas de una misma chica, ahí entendí el por qué de su borrachera. Entramos y nos sentamos. Yo no pretendía tener sexo con él, sólo me mataba la curiosidad por saber qué le había ocurrido, por qué se había puesto así. Él quiso tocarme y me negué, de hecho no tenía ni como ponerse violento porque me lo bajaba de un lapo. Luego se puso a llorar y me contó su drama, que no tendría lugar en este relato, lo escuché hasta que se quedó dormido.
A las 4 de la mañana, volví caminando a casa.
jueves, 15 de octubre de 2009
Un novio, un tire, dos hoteles
Luego una vez era un año nuevo yo estaba circunstancialmente soltera y mi amigo guapo tb. Habíamos brindado de más en al casa de un amigo y lo habíamos hecho a medias en el baño. Nos quedamos con las ganas y yo lo meti a uno de esos hoteles parejeros y puteriles del centro de Lima. Me pareció un chiquillo cuando miró la ducha y dijo con inocencia: asuuuuuuu, ¿nos bañamos? No me pareció tan chiquillo cuando me monto. Me confeso que nunca había tenido sexo oral, que quería hacerlo conmigo. Me miró de nuevo como chiquillo y dijo: ¿me dices por donde voy? Se lo expliqué pero ni aún así llegué. Bueno, tiene a su favor que no me va el sexo oral. No pasa nada cuñao.
miércoles, 14 de octubre de 2009
La noche inolvidable
Yo, siempre ansiosa de sexo, siempre deseosa de placer, siempre muriendo por algún hombre –y no muriendo amor, sino muriendo por ser penetrada, ser lamida y ser tocada–. La disciplina que me caracterizaba en mi trabajo y en mi casa, la aplicaba también en mi búsqueda de parejas, cada uno tenía que ser mejor que el otro, grandes, fuertes y con manos voraces (y con capacidad suficiente para hacerme sentir insignificante, pero gozosa).
El caso fue que todo resultó curioso, pues inmediatamente el sujeto de manos hábiles rozó su nariz en mi mejilla, inmediatamente volvió mi libido, inmediatamente perdí la memoria; lo siguiente que recuerdo es que desperté en una cama de hostal, desnuda, sólo llevaba puesto mi viejo reloj (que marcaba entonces las seis de la mañana). El sujeto de las manos hábiles dormía a mi lado, me quedé allí tendida a su costado un buen rato, hacía esfuerzos impresionantes por recordar cómo habíamos llegado hasta allí, pero fue inútil. Me levanté y vestí sigilosa, miré por la ventana y calculé que estábamos en un cuarto o quinto piso; el hecho es que la culpa era porque el sujeto de manos hábiles tenía novia –una muy desagradable y mentirosa, pero novia–, tratando de no hacer ruido con las zapatillas me acerqué a la puerta y entonces escuché su voz: “¿Dónde vas?”, cuando lo vi desnudo sobre aquella cama inclinada, pensé: “¡Qué más da! No recuerdo nada y no me iré de aquí sin tener sexo memorable”, me desnudé nuevamente y me lancé sobre él. Sus manos acariciaron mi cintura y estaba tan excitada que me introduje su pene erecto fácilmente, aunque disfruté cada momento con loca pasión, no tuve orgasmos esa mañana; igual tuve la satisfacción de tener entre mis piernas a un hombre grande y fuerte, al menos eso creí en ese momento, no sabía que a partir de esa noche empezaría una relación trágica e inestable, no sabía que lo tendría un par de años entre mis piernas y menos aún sabía que encontraría un par de manos más firmes y más seguras que las suyas luego del día de nuestro tormentoso final también en aquel feo hostal.
domingo, 11 de octubre de 2009
ROJDUONZO
Rodeo su cuerpo inconsciente. En un estado de conciencia total. Mi lengua reverbera la pasión mientras raspa su piel delicada y hermosa. Mis uñas asquerosas rozan sus vellos y se introducen en la fuente del placer homosexual. Mi lengua también. Ana despierta. Ana muere. Ana me aloja en su puente como un apéndice interconducto de la humanidad. La depredación para un animal como yo, existe más allá del deseo y la circunstancia que mis propios deseos crean. La paz espiritual es una mierda sobre la que agrego mi propia mierda, cuando hablo, camino o finalmente evacuo la basura que, de la sociedad directamente consumo, diligente y mendicante. Constantemente la dormía para poder hablarle con roces de mi lengua sobre su cuerpo. Penetrarla, jamás podía, había algo conservador, en mí, hacia ella. Sepultar una parte de mí, en ella, era una ecuación divergente en aquel instante. Mi lengua recorría su cuerpo hermoso y dormido. Los soportes de titanio siempre fueron parte de su cuerpo y de los que también disfrutaba.
Aquella noche pertreche mi morral con todas las sustancias a las que mi hermana era débil. Mantequilla, ajos y maní. Sonreía mientras respondía las inquietudes de nuestros padres sobre lo que llevaba en mi excelso morral de disputas incestuosas. Al sustantivo morral, réstale una ere.
Aquella noche no la penetraría. Todo sería un juego pactado, en donde nunca transgrediría mis conservadurismos. Sólo caricias de un hermano a una hermana sedienta de placer, pero, temerosa de verdaderos placeres. La culpa es el motor de nuestros deseos y placeres ¿Existirá la vida después de haber penetrado a mi hermana?
Ingresè al rab. Él, lucía constipado y no por razones bronquiales. Aquel cadáver albo suele morir entre nuestras fosas para resucitarnos del marasmo de equilibrio y perfección, si es que intentamos llegar a ella. Hace diecisiete días que me compré una escopeta. Para asesinar a mi sombra y a sus propósitos. Aquel escritor insecto decía que escribía para morir. Yo camino para morir ensedadamente entre una bala de espuma y un silbido de metal. Contábamos y cantábamos èl y yo. Mientras él caía constantemente al césped de marfil que creaba con sus bocanadas de sal, y, lucia como un cadáver hermoso, lucido. Valga la perfección cuando se rueda. Revoloteaba entre el aserrín, mis pasos y sombras, para eventualmente ponerse en pie y convidarme la razón de sus fosas. Yo no aprendí con la muerte. Nunca haré apologías con el objeto de apologías de aquellas que, justifican sus taras como virtudes ¿Estás bien Jèrick? invítame de tus fosas la sombra alba de nuestra razón imperfecta. Hemos perdido todo, ayer, hoy y mañana. Multiplicaremos las razones de los conceptos de nuestros cuerpos tendidos en la mitad del asfalto y la noche del día. Anímicamente pendemos de una par de fosas y de las líneas que demarcan nuestro campo de sofball. Hay inseguridad en nuestras sombras. Hay formas de cabrearnos decorosamente. Pero esta no es la forma, maldito “rogo”. Sì, maldito “rogo”. Fin de de días que se extravían en nuestros temores. No tenemos nada, levántate “lazareado”. El ánimo se constituía en nosotros, mientras nos arrastrábamos como lagartijas corticoides dentro de los lúcidos. La razón jamás será correcta, pero, no implicaría que me dedique ha aplaudir tus marasmos existenciales. Las columnas sonríen con nuestros espasmos de lagartijas. Las líneas caen dibujadas para nuestras tumbas. Esto es un accidente señor. Oye ¿sabes de mí cuando me pierdo en estas línea s de tierra que cubren mi cuerpo sin epitafio? El silencio es tu vasallo. Doblarse es símil de erectarse. A cuanto adquiriste la basura que nos da vida. Como unos escarabajos excrementeros hacemos rodar la mierda de nuestra alma. ¿Haz leído al “monzón”? Ellos tienen dos manos, nosotros tenemos dos fosas. ¿Te imaginas? Podremos sobrevivir. Tenemos derecho ha ilusionarnos con nuestras taras. Nuestras sombras nos engañan y engullen. No podemos caminar en dos patas. Estamos arreándonos y el sofito es elevado para nuestro ceño.
Hastiado de la represión de nuestros “mis” instintos, la penetré y ¡oh sorpresa! ella abrió los ojos y, cercó sus labios hacia los míos y empezó a morderme
Mientras la penetraba introducía el arma azul en su rostro. Él, su corazón palpitaba galopante mientras cedían sus fluidos uniéndose a los míos.
Besé su cadáver desangrado, la penetré, no sé si por última vez y, me quedé dormido junto a ella, en una de las precarias galerías del mercado. A ciertas horas hay oscuridad total en ellos dos. Uno muerto y otro vivo. ¿Quién era hombre? ¿Quién era dama? Éramos hermanos por consanguiedad materna. Yo sonreía mientras recordaba aquella consanguiedad.
Que dulce es esperanzador era tu cuerpo hermana.
Ana, ana, ana, su corazón dejaba de latir mientras las últimas gotas de mi semen se diseminaban dentro de su vulva. El arma azul se adentraba en el paisaje muortorio de sus ojos.
Señor ¿podría decirme qué hora es? Es hora de que muramos hermana.
POR FÈLIX MÈNDEZ









